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El Niño ganará fuerza en los próximos meses: ¿qué esperar en Puerto Rico? 

13 August 2026
This content originally appeared on Metro Puerto Rico.

 

Para Puerto Rico, este escenario podría traducirse en condiciones más secas durante los próximos meses, con una disminución en las lluvias y una mayor presión sobre los abastos de agua, que ya se encuentran comprometidos.

El meteorólogo y coordinador de avisos del Servicio Nacional de Meteorología (NWS, en inglés) en San Juan, Ernesto Morales, detalló que, aunque el fenómeno ocurre en el Pacífico, tiene impactos indirectos a través de todo el planeta.

“El Niño es un fenómeno cíclico. Lo que detona este fenómeno es el debilitamiento de los vientos alisios en la zona del Pacífico, que incluso pueden cambiar de dirección: en lugar de desplazarse de este a oeste, comienzan a soplar del oeste hacia el este. En nuestro caso, en el Atlántico, el fenómeno lo que hace es generar vientos cortantes fuertes, los cuales ocurren en las capas medias y altas de la atmósfera. Estos vientos fuertes nos protegen de las ondas tropicales que salen de África”, explicó Morales a Metro Puerto Rico.

De acuerdo con el experto, El Niño se asocia con una menor actividad ciclónica en el Atlántico, pero también puede generar condiciones adversas, particularmente cuando se presenta con mayor intensidad.

Igualmente, Morales indicó que las ondas tropicales suelen aportar lluvias que contribuyen a mantener los niveles de los embalses, el caudal de los ríos y la humedad de los suelos.

Sin embargo, cuando estos sistemas llegan con menor frecuencia e intensidad, como ocurre actualmente, disminuye el aporte de agua y aumenta el riesgo de condiciones secas.

“Cuando hablamos de El Niño, pensamos: ‘Ah, buenas noticias, no vamos a tener huracanes’. Pero el otro lado de la moneda es que, al tener ese ambiente hostil a través de todo el Atlántico, estos vientos cortantes fuertes no dejan que las ondas tropicales —que salen de cada tres a cinco días del continente africano— se desarrollen e intensifiquen. Las ondas que llegan a nuestra región son bastante débiles y tienen poca lluvia”, señaló.

Según el catedrático asociado en la Escuela Graduada de Planificación del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR) José Hernández Ayala, El Niño también podría intensificar las condiciones de calor, con temperaturas superiores al promedio.

“El Niño implica un verano y otoño más calurosos de lo normal, con precipitaciones por debajo del promedio. Esto agrava la sequía existente y aumenta el riesgo de déficits hídricos significativos. Se anticipa un verano y otoño excepcionalmente calurosos. Los modelos indican más de un 70 % de probabilidad de precipitaciones por debajo de lo normal, lo que podría llevar a la isla a su temporada seca con déficits significativos de lluvia y una sequía prolongada”, especificó el geógrafo físico y climatólogo.

De hecho, el Monitor de Sequía de los Estados Unidos confirmó el 6 de agosto que al menos 11 municipios de la región sur enfrentan condiciones de sequía extrema (D3), clasificación que comprende el 9.49 %. A su vez, el informe establece que la sequía severa (D2) afecta el 35.63 % del territorio, mientras que la sequía moderada (D1) alcanza el 67.77 %.

Acorde con la NOAA, entre octubre y diciembre de 2026, existe un 81 % de probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad “muy fuerte”. A su vez, hay una probabilidad de uno entre cinco de que El Niño se mantenga por debajo de esa categoría.

Las clasificaciones utilizadas para describir la intensidad de El Niño se determinan principalmente según la temperatura de la superficie del mar: “débil”, de 0.5 grados Celsius (°C) a 1.0 °C; “moderado”, de 1.0 °C a 1.5 °C; “fuerte”, de 1.5 °C a 2.0 °C; y “muy fuerte”, de 2.0 °C en adelante.

“El factor principal (para determinar la intensidad del fenómeno) es la anomalía de la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical central-oriental (Región Niño 3.4). Se clasifica como débil con un aumento de +0.5 a +0.9 °C, y la intensidad aumenta con anomalías mayores, considerándose ‘muy fuerte’ cuando supera los +2.0 °C. También, se consideran otros factores como el debilitamiento de los vientos alisios”, abundó Hernández Ayala.

El umbral de 2 °C sobre el promedio en la región Niño-3.4 se ha alcanzado durante algunos de los episodios más extremos de El Niño registrados, como los de 1982-83, 1997-98 y 2015-16.

De otra parte, Morales destacó que, durante el invierno, El Niño puede generar un aumento en la precipitación; no obstante, estas lluvias no serán de gran intensidad.

“Son lluvias más estratificadas y tienden a ocurrir principalmente a lo largo de la costa. El problema es que nuestros embalses no están ubicados en la costa, sino tierra adentro. Va a llover, pero no serán precipitaciones fuertes. Existe una correlación entre los inviernos lluviosos en el Caribe, pero no necesariamente implica grandes cantidades de lluvia. Se trata de precipitaciones leves, pero constantes, que aún así pueden ayudarnos a mejorar las condiciones de sequía”, indicó.

Morales enfatizó que el pronóstico a largo plazo apunta a que las lluvias se mantendrán “por debajo de lo normal” hasta, por lo menos, la primavera del próximo año.