Exsecretario de Hacienda advierte que Puerto Rico no está preparado para la era de la IA
“Hay una revolución de carácter casi industrial”, expresó, señalando que el gobierno ha asignado menos de $2 millones para el desarrollo de la IA de un presupuesto de casi $14,000 millones, un nivel que calificó de “surrealista”.
Parés argumentó que la IA reconfigurará fundamentalmente la manera en que Hacienda interactúa con los contribuyentes. En la actualidad, menos del 1% de los puertorriqueños se enfrenta a una auditoría, una limitación impulsada por la falta de personal, no por política pública.
“Eventualmente todos los contribuyentes, a través de la inteligencia artificial, tendrán una intervención más activa por parte de Hacienda”, afirmó. “La capacidad de leer información financiera a gran escala hará posibles auditorías de formas que antes eran imposibles”.
Describió a la IA como “muy eficiente leyendo documentos”, y explicó que los sistemas automatizados podrían analizar registros financieros, detectar inconsistencias y señalar riesgos de manera mucho más precisa que los auditores humanos. Ese cambio, según él, aumentaría la transparencia, ampliaría la base contributiva y, en última instancia, permitiría tasas impositivas más bajas para los contribuyentes cumplidores.
Parés incluso esbozó una visión a largo plazo que alguna vez esperó llevar a cabo: “Mi sueño era que los contribuyentes que compartieran su información digitalmente pudieran disfrutar de una tasa impositiva más baja. Para premiar ese nivel de transparencia”.
Más allá de la tecnología, Parés aprovechó el foro para resaltar un problema estructural que cree que Puerto Rico debe enfrentar: el gobierno es demasiado grande en relación con su realidad demográfica.
Indicó que Puerto Rico continúa operando hospitales, recintos universitarios y servicios públicos diseñados para una población que ha disminuido significativamente, y que continúa en declive.
“Si sabes que vas a tener una población más pequeña, tienes que consolidar tus sistemas”, dijo. “No puedes permitirte tener hospitales vacíos, universidades a medio llenar y servicios operando a media capacidad”.
Parés ilustró el problema con el ejemplo de un hospital en Humacao que cerró recientemente. Dijo que la instalación había dejado de funcionar efectivamente mucho antes de su cierre oficial.
“Ese hospital tuvo a cinco pacientes en camas durante la semana pasada”, expresó. “Hay más personas enfermas en sus casas que en ese hospital”.
Añadió que el Departamento de Salud fue tomado por sorpresa por el cierre porque el operador nunca solicitó autorización formalmente, pero el verdadero problema era que el hospital había dejado de ser viable mucho antes de que se presentara cualquier trámite.
Para Parés, el caso de Humacao demuestra cómo la cultura política de Puerto Rico trata la consolidación como una derrota en lugar de una adaptación necesaria.
“Insistimos en distribuir la miseria”, afirmó. “Queremos que las cosas funcionen a media capacidad en lugar de consolidar y tener menos hospitales, pero mejor equipados”.
Parés también señaló a la Universidad de Puerto Rico (UPR) como otro ejemplo de desajuste institucional. Fue profesor en la UPR mientras se desempeñaba como secretario de Hacienda y dijo que vio de primera mano cómo el declive demográfico y la resistencia política han erosionado la efectividad del sistema.
Describió su visita a la UPR, donde impartió un curso sobre política contributiva.
“Me dio mucha tristeza ver el recinto”, confesó. “Distribuyen los recursos en demasiados recintos para mantenerlos vivos, en lugar de consolidarlos”.
Criticó al sistema por priorizar la nómina sobre las necesidades de los estudiantes: “Nunca falta el pago de la nómina o el pago de beneficios, pero falta infraestructura, faltan sistemas, falta papel toalla”, dijo. “Eso me dice que la universidad dejó de priorizar al estudiante”.
Parés advirtió que si la UPR continúa resistiéndose a una reforma estructural, eventualmente enfrentará una intervención federal.
“No tengo duda de que, por la ruta que vamos, volveremos a ser puestos bajo el Programa Nacional de Préstamos Estudiantiles debido a las condiciones del sistema”.
Parés indicó que la trayectoria demográfica de Puerto Rico (una emigración acelerada y un rápido envejecimiento) es el indicador más importante de la eficacia de la gobernanza.
“Podemos mejorar el desempleo, el PIB, todas las métricas”, comentó. “Pero, ¿por qué se fueron 17,000 personas el año pasado? Ese número debería ser mucho mejor”.
A diferencia de los estados de EE. UU. que compensan el declive poblacional con la inmigración, Puerto Rico carece de la capacidad para gestionar su propia política migratoria y tiene dificultades para atraer nuevos residentes.
Parés afirmó que el obstáculo principal es político: los funcionarios electos temen a la percepción pública de cerrar instalaciones, incluso cuando esas instalaciones ya son funcionalmente obsoletas.
“Los líderes no quieren tomar esas decisiones, y tampoco lo hicieron en administraciones anteriores”, sostuvo.
Argumentó que Puerto Rico debe enfrentar la realidad de que una población más pequeña requiere una huella gubernamental más reducida y eficiente, y no el mantenimiento de sistemas obsoletos por razones simbólicas o políticas.
Parés exhortó a los jóvenes profesionales a prepararse, cultivar redes de contacto y dedicarse al servicio público, pero también a exigir seriedad y rendición de cuentas a los líderes políticos.
Enfatizó que la futura competitividad de Puerto Rico dependerá de si su próxima generación adopta la innovación e insiste en una gobernanza basada en la evidencia.
“Esta es una inmensa oportunidad de crecimiento”, dijo sobre la IA. “Pero debemos exigir que nuestros líderes lo conviertan en una prioridad”.
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