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Arquitecta analiza el impacto de los terremotos en la infraestructura de Puerto Rico 

02 July 2026
This content originally appeared on Metro Puerto Rico.

 

En múltiples videos divulgados en redes sociales sobre lo sucedido en los estados de Caracas, La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón, se vio que muchos edificios tenían un material de relleno en sus columnas conocido como poliestireno expandido (Styrofoam), lo que causó indignación por parte de los venezolanos.

La arquitecta Astrid Díaz habló a Metro Puerto Rico sobre los materiales de construcción que se pudieron utilizar para la edificación de estos edificios, que, según explicó, no está permitido su uso bajo los códigos de construcción de la isla.

Eso no está permitido por los códigos de Puerto Rico ni se considera al diseñar estructuras. Si tomamos como referencia el huracán María, cuando más del 51% de las viviendas eran construcciones informales, sin permisos ni planos, podríamos concluir que, ante un terremoto de gran magnitud, más de la mitad de las estructuras en Puerto Rico sufrirían daños severos porque no cumplen con los códigos de materiales, refuerzos y seguridad”, señaló Díaz.

Explicó, además, que seguir el código de construcción no evita que la infraestructura se fragmente o tenga averías, sino que el edificio se mantenga de pie. Para la arquitecta, las estructuras más vulnerables son las que se soportan mediante zancos o condominios frente al mar.

“El código de construcción vigente desde 2018 establece criterios según la ubicación de cada edificio o casa para que, ante un terremoto, las estructuras se mantengan en pie. La prioridad es evitar el colapso y dar tiempo a que las personas puedan evacuar de forma segura, aunque las edificaciones sufran daños”, señaló Díaz.

“Las estructuras que no fueron diseñadas conforme a los códigos, especialmente los reforzados desde 1987 con criterios antisísmicos, deben inspeccionarse porque existe el riesgo de colapso. Nos preocupan particularmente las casas en zancos en las montañas y los condominios frente al mar por su antigüedad y las modificaciones que han recibido con los años”, añadió.

Además, ilustró el proceso de construcción de un edificio que, según explicó, comienza desde el diseño hasta la incorporación del contratista a cargo de la obra.

“El proceso comienza en las oficinas de diseño de los arquitectos y de los ingenieros con los códigos de construcción. Eso se somete entonces a la Oficina de Gerencia de Permisos (OGPe) y ahí se certifica [...] En esencia, ese es el proceso para hacer el permiso de construcción. Luego entra el contratista, se hace la edificación y se construye. En ese proceso también tiene que haber una inspección y supervisión”, explicó la licenciada.

La supervisión, según explicó, se realiza para que se asegure la calidad del proyecto y que se construya según su diseño y recomendó hacer inspecciones esporádicas continuas, sobre todo en temporadas de huracanes o en áreas propensas a terremotos.

“No se trata solamente de simplemente seguir unos parámetros de los permisos y de las reglamentaciones, pero déjese llevar de la mano de un profesional para tener una casa resistente y a la misma vez, pues va a ser segura para tu vida, que es lo más importante y lo que estamos buscando”, explicó Díaz.

Al preguntar por la diferencia en la construcción de casas antiguas y las casas modernas, indicó que tienen que ser dúctiles —construida con materiales y estructuras capaces de deformarse sin colapsar ante fuertes sismos o viento—. Este concepto fue acuñado en los códigos desde 1987.

“No es que las casas más antiguas no vayan a resistir; muchas de ellas, por su diseño con paredes de carga, incluso pueden ser muy resistentes. Sin embargo, gran parte de las urbanizaciones en Puerto Rico ya tiene entre 40 y 60 años, y presentan grietas, filtraciones y posibles afectaciones en el hormigón por lo que deben evaluarse periódicamente, incluyendo factores como deslizamientos en la comunidad”, señaló la licenciada.

“En el caso de los condominios y edificios con varias décadas de construidos, se debería establecer —incluso por ley— inspecciones cada 15, 20 o 30 años con un sello de certificación, lo cual beneficia directamente a quienes residen en ellos", añadió.