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Maternar después de la pérdida 

07 May 2026
This content originally appeared on Metro Puerto Rico.

 

“Todos los médicos bien crudamente nos decían que íbamos a perder el bebé”, recordó. Aun así, Reyes y su esposo decidieron continuar el embarazo.

Santiago nació el 31 de diciembre de 2021, pero falleció poco después. La chef atravesó el proceso acompañada por su familia, su iglesia y una doula. “En ningún momento, para nosotros, fue opción terminar con el embarazo [...] confiamos en un Dios de milagros, pero igual estábamos conscientes de que el outcome (desenlace) quizás no iba a ser el mejor”.

El proceso dejó una huella profunda. Un año después, volvió a quedar embarazada. La noticia llegó con felicidad, pero también con cautela. Relató que tanto ella como su esposo sintieron temor. “Decidimos mantenernos calladitos hasta tanto supiéramos que todo estaba en orden esta vez”. Tras realizar pruebas genéticas y confirmar que todo marchaba bien, decidieron compartir la noticia con la familia.

Lucas nació en septiembre de 2023. Hoy tiene 2 años.

Reyes describió su llegada como una alegría inmensa tras un proceso marcado por el duelo y la incertidumbre. “Es un niño especial”, aseguró. Sin embargo, enfatizó que no sustituye a Santiago. “Es otro bebé más, es una bendición, representa esa esperanza... Santiago tiene su lugar y Lucas tiene su lugar, y ambos son bebés especiales...”.

Para la maestra de educación especial Yadira Margarita Rivers, la maternidad estuvo marcada por años de pérdidas gestacionales, diagnósticos médicos y procesos emocionales complejos.

Desde el inicio de su matrimonio, experimentó cinco pérdidas. Con el paso del tiempo, recibió diagnósticos de síndrome de ovario poliquístico, endometriosis y un útero inclinado. Una de las pérdidas más impactantes ocurrió en 2021, cuando durante una cita de rutina los médicos identificaron que el embarazo ya no presentaba latidos cardíacos.

“Se marcaron las diez semanas; ese fue el que más me impactó (...) El bebé todavía estaba adentro, pero no estaba vivo. Tuve que tener una cirugía”, explicó.

El proceso se volvió cada vez más difícil emocionalmente, especialmente al atravesar tratamientos y un posparto sin tener un bebé en brazos. Posteriormente, pruebas médicas revelaron que el bebé tenía un trastorno genético. “Ahí descubrimos que era yo quien cargaba ese gen”.

Durante años, Rivers pensó que probablemente no tendría un hijo biológico. En medio de ese proceso, junto a su esposo inició una adopción y, en 2016, recibieron a tres hermanos en su hogar.

La maternidad adoptiva, dijo, ha sido retadora y transformadora. “Es una montaña rusa... no existe un manual para la adopción [...] es un viaje del que no quiero regresar”.

Sin embargo, su historia no terminó ahí. El 2 de noviembre de 2024 nació Ezequiel, su bebé arcoíris. “Fue una sorpresa enorme y un embarazo lleno de ansiedad”. Durante la gestación, permaneció bajo monitoreo constante, en medio del temor de una nueva pérdida.

“Llegó en el momento correcto... definitivamente es un bebé arcoíris”, expresó, al describir el impacto de su llegada en toda la familia.

La profesora universitaria María Vera también vivió el impacto de la pérdida gestacional. En enero de 2004, acudió a una cita rutinaria de embarazo, en la que, hasta ese momento, todo había transcurrido con normalidad.

Durante el sonograma, comenzó a notar preocupación en el médico. “Pude ver en él (la preocupación), aunque no me lo abordó de inmediato [...] Me dijo: ‘mira, esta máquina no es la mejor...”. Posteriormente, en el hospital, se confirmó que el bebé no tenía latidos cardíacos.

“Yo quería saber qué iba a pasar... al proceso que venía después, que eran horas de labor... de un bebé que no iba a nacer vivo”.

Ese bebé era Diego. En medio del proceso, uno de los médicos insistió en que Vera y su esposo lo vieran después del parto, una decisión que inicialmente rechazó, pero que con el tiempo entendió como importante para su duelo.

Meses después, la profesora sufrió una segunda pérdida espontánea. A partir de entonces, comenzó un proceso de visitas a especialistas, pruebas médicas y terapia psiquiátrica.

Cuando volvió a quedar embarazada, vivió el proceso con ansiedad constante. En noviembre de 2006, nació Andrés. Hoy, décadas después, asegura que nunca lo vio como un reemplazo.

“Diego es Diego y Andrés es Andrés”, afirmó Vera.

“Había muchos procesos a la vez. Había que cerrar el luto con una persona que tuve nueve meses en mi vientre, a quien yo le hablaba y que tenía nombre, cuarto, ropa, etcétera. Saber que otro bebé no iba a sustituir a ese bebé, eso me ayudó mucho”, agregó.

¿Qué hace falta?

Aunque las experiencias de duelo y maternidad de cada mujer fueron distintas, dos coincidieron en que todavía existe una falta de acompañamiento emocional, empatía y preparación para atender a madres y familias que atraviesan pérdidas gestacionales y perinatales.

En el caso de Rivers, recordó que, durante sus primeras pérdidas, sintió que sus preocupaciones fueron minimizadas por algunos médicos, hasta encontrar una doctora que finalmente investigó las causas.

“No tomaron mi caso en serio hasta que llegué donde una doctora que me dijo: ‘Aquí hay algo que no está bien’. Ella fue quien me hizo todas las pruebas y quien me explicó que tenía endometriosis y un útero inclinado. También me dijo que, sí, podía quedar embarazada, pero que primero teníamos que atender mi salud. Con los primeros doctores definitivamente no sentí ese apoyo”, dijo.

“Creo que hay que tener más empatía. Hay que tener más investigación, más educación y más médicos que estén disponibles para las mujeres que pasan por múltiples pérdidas”, continuó.

Reyes sostuvo que el apoyo emocional, espiritual y profesional fue fundamental durante el duelo, particularmente el acompañamiento de su familia, su iglesia y una doula.

“Todavía nosotros estamos sanando. Yo no te puedo decir que ya estoy sana o que ya sané la pérdida de Santiago, porque no es así. Esto sigue siendo un proceso y no sé en qué momento sanaré completamente. Es algo que voy a llevar conmigo toda la vida”, concluyó.