El geógrafo físico y climatólogo José Javier Hernández Ayala aseguró que la gestión eficiente del agua y la adaptación al cambio climático serán fundamentales para enfrentar este tipo de eventos en el futuro.
El catedrático asociado en la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras explicó que, aunque Puerto Rico siempre ha experimentado sequías como parte de su variabilidad climática natural, el escenario actual presenta nuevos retos debido a temperaturas más altas, mayor demanda evaporativa, embalses con menor capacidad por la sedimentación, cuencas hidrográficas transformadas y una red de distribución que aún registra pérdidas de agua.
“Todavía existe incertidumbre sobre cuánto aumentará exactamente la frecuencia de las sequías meteorológicas en Puerto Rico, porque la precipitación en una isla tropical presenta mucha variabilidad espacial y anual. Sin embargo, tenemos mayor confianza en que las sequías futuras serán más intensas, lo que puede hacerlas más significativas y prolongar sus impactos aunque el déficit de lluvia sea similar al de eventos pasados. El aumento de temperatura incrementa la evapotranspiración, seca más rápidamente los suelos y aumenta la demanda de agua de los ecosistemas, la agricultura y la población”, dijo el profesor a Metro Puerto Rico.
“Estudios y evaluaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos anticipan que la combinación de temperaturas mayores y precipitaciones más variables podría aumentar la frecuencia e intensidad de las sequías en el Caribe”, añadió.
Hernández Ayala admitió que, aunque en los pasados años se han incorporado mejores pronósticos y sistemas de monitoreo, gran parte de la infraestructura de almacenamiento de agua continúa operando bajo criterios diseñados para una realidad climática distinta a la actual. Muchos embalses fueron diseñados bajo condiciones climáticas y poblacionales distintas y han perdido capacidad por sedimentación, por lo que manejar el sistema con promedios históricos ya no es suficiente.
El educador explicó que el problema no se limita a la cantidad de lluvia que recibe la isla, sino la manera en que el recurso se almacena, distribuye y conserva. A su vez, señaló la necesidad de actualizar el Plan Integral de Recursos de Agua de Puerto Rico, un documento que establece las estrategias para la planificación, manejo y protección de los recursos hídricos.
“(La situación actual) nos está diciendo que el problema no es solamente cuánto llueve, sino qué hacemos con el agua cuando llueve. Puerto Rico recibe una cantidad considerable de precipitación, pero tiene dificultades para almacenarla, proteger sus fuentes, distribuirla eficientemente y evitar que se pierda. También, demuestra que una crisis climática puede convertirse rápidamente en una crisis socioeconómica. Las comunidades con menos recursos tienen menor capacidad para comprar cisternas, almacenar agua o enfrentar interrupciones prolongadas”, recalcó.
Asimismo, Hernández Ayala insistió en que uno de los mayores errores ha sido manejar el agua como un recurso abundante hasta que comienza a escasear. “Seguimos reaccionando ante los niveles bajos de los embalses, en vez de administrar continuamente el riesgo”, manifestó.
Los errores se repiten
Para Carl Axel Soderberg, ecólogo y exdirector de la Agencia de Protección Ambiental, en la región de Puerto Rico y el Caribe, uno de los principales retos que enfrenta el país continúa siendo la cantidad de agua que se pierde en el sistema.
“Por ejemplo, se dice que Carraízo estaba supliendo 70 millones de galones diarios, pero si se pierde alrededor del 60 %, significa que realmente a los hogares llegaban entre 30 y 35 millones de galones”, puntualizó.
De la misma forma, Soderberg, quien forma parte del Comité de Expertos y Asesores sobre el Cambio Climático de Puerto Rico, alertó sobre la condición del embalse Dos Bocas, ubicado en Arecibo y administrado por la Autoridad de Energía Eléctrica, debido a la acumulación de sedimentos que ha reducido su capacidad de almacenamiento.
“Nadie ha realizado el dragado de Dos Bocas, que actualmente está 70 % lleno de sedimentos. La pregunta es: ¿qué va a pasar cuando Dos Bocas termine de llenarse de tierra? Si ya está al 70 %, y sabemos que un dragado no se puede hacer de la noche a la mañana”, subrayó.
A juicio de Soderberg, reducir las pérdidas de agua tendría un impacto mayor que construir nuevas fuentes de almacenamiento. “Si en todo Puerto Rico lográramos reducir las pérdidas de agua, no a cero, sino al 17 %, que es la recomendación del Banco Mundial y una guía internacional, tendríamos disponible el equivalente a tres veces lo que produce diariamente Carraízo, sin necesidad de construir un nuevo embalse”, reconoció.
Por otro lado, Soderberg argumentó que, aunque las plantas desalinizadoras podrían representar una alternativa, actualmente no son una opción viable debido a sus altos costos. Según este, implementar dicho tipo de tecnología requeriría aumentar la tarifa de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), una medida que, a su juicio, representaría una carga económica adicional para los consumidores.
Sobre la necesidad de aumentar la capacidad de almacenamiento de agua, el secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, Waldemar Quiles Pérez, reconoció que el dragado de algunos embalses podría ser una alternativa a mediano plazo. “Eventualmente, a mediano plazo, una buena opción sería dragar tanto Dos Bocas como Caonillas porque de esta cuenca se nutre el Superacueducto. El Superacueducto le suple agua a toda el área norte de Puerto Rico y llega hasta Juncos, con una capacidad de diez millones de galones diarios. En este momento, no se ha visto tan afectado porque las lluvias han estado ocurriendo precisamente desde Utuado hacia el oeste”, precisó el funcionario a este medio.
“No le veo el fin a la sequía”
El meteorólogo y coordinador de avisos del Servicio Nacional de Meteorología (NWS, por sus siglas en inglés) en San Juan, Ernesto Morales, explicó que la sequía actual comenzó luego de meses con precipitaciones por debajo de lo esperado.
“Aunque es normal que entre mayo y junio haya una merma en las precipitaciones, porque dejan de llegar los frentes fríos y las ondas tropicales suelen mantenerse al sur de la isla, uno siempre piensa que no debemos preocuparnos, ya que cuando llegan los meses de julio y agosto esas ondas tropicales comienzan a ser más robustas, se desplazan más al norte y se acercan más a nosotros, aumentando la humedad”, comentó el meteorólogo.
Sin embargo, la situación actual está influenciada por el fenómeno de El Niño, que tiene un impacto directo sobre la región al favorecer el desarrollo de vientos cortantes, los cuales generan un ambiente hostil en el que los sistemas tropicales no tienen buena probabilidad para desarrollarse.
“En otras palabras, las ondas tropicales que se desplacen a través de la región durante este periodo serán bastante débiles, lo que podría afectar aún más las condiciones de sequía que enfrentamos en este momento”, explicó Morales.
De acuerdo con el experto, Puerto Rico arrastra un déficit de precipitación de entre 8 y 15 pulgadas. Ante este escenario, no se descarta que, durante las próximas semanas, algunas áreas puedan alcanzar la categoría D3, correspondiente a sequía extrema.
“Lo peor aún no ha pasado. Se espera que las condiciones continúen deteriorándose durante los próximos meses. De nuevo, no es que no vaya a llover; sí, habrá lluvia, pero no en la cantidad necesaria para mantener niveles saludables en los lagos y los ríos. Las áreas más afectadas, en este momento, son el suroeste de Puerto Rico. En el horizonte, hay varias ondas tropicales y vaguadas que, aunque no pondrían fin a la sequía, sí, podrían mermar el impacto que estamos teniendo”, abundó.
El Monitor de Sequía de Estados Unidos (USDM, por sus siglas en inglés) publicó, el pasado 23 de julio, un informe donde reveló que la sequía severa cubre 14.28 % del territorio, siendo los municipios en el centro-sur los más afectados. Los pueblos bajo esta categoría son Cidra, Cayey, Aibonito, Salinas, Coamo, Santa Isabel, Juana Díaz, Ponce, Peñuelas, Guayanilla, Yauco, Sabana Grande, Guánica, Lajas y Cabo Rojo.
“Estamos viendo que esta sequía comienza a mostrar similitudes con esos dos episodios (eventos de sequías entre 1995-1997 y 2015-2016), aunque es muy difícil comparar una sequía con otra. A diferencia de un huracán, cuyo desarrollo y trayectoria pueden anticiparse con mayor precisión, con una sequía es complicado. Si hablamos de eventos similares, tuvimos la sequía de 1995 al 1997 y la de 2015 al 2016. En todos esos casos, ocurrió algo muy parecido: la lluvia esperada no fue suficiente, comenzó a arrastrarse un déficit de precipitación y, poco a poco, distintas regiones de Puerto Rico fueron entrando en condiciones de sequía. En el caso de la sequía de 2015-2016, Puerto Rico alcanzó la categoría D3, que corresponde a sequía extrema”, especificó.
El USDM clasifica las condiciones de sequía en las siguientes cinco categorías: D0, correspondiente a condiciones anormalmente secas; D1, sequía moderada; D2, sequía severa; D3, sequía extrema; y D4, sequía excepcional. Morales detalló, además, que Puerto Rico atraviesa actualmente tres tipos de sequía: meteorológica, agrícola e hidrológica. “La sequía que mide el NWS es la sequía meteorológica, que ocurre cuando la cantidad de lluvia está por debajo de lo esperado. Cuando ese déficit aumenta y comienza a afectar la agricultura, el ganado, la disponibilidad de alimento y las condiciones del pasto, entonces entramos en lo que se conoce como sequía agrícola. Luego, a medida que las condiciones continúan empeorando y la demanda de agua supera la oferta disponible, llegamos a la sequía hidrológica, que es la que más se menciona cuando hablamos de racionamientos de agua”, sostuvo.
También, el coordinador de avisos del NWS en San Juan advirtió que el país debe prepararse para un futuro en el que los eventos climáticos extremos serán cada vez más frecuentes e insistió en la necesidad de adaptar la forma en que el país administra y consume el agua. De hecho, el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica proyectó, en su perspectiva para el período del 29 de julio al 11 de agosto, precipitaciones de hasta un 80 % por debajo de lo normal en Puerto Rico y el Caribe.
“Tenemos que tomar esto en serio porque, en el futuro, vamos a enfrentar eventos más extremos, y este es uno de ellos. Tendremos periodos con condiciones muy secas, así como periodos con lluvias más intensas, y tenemos que modificar nuestro estilo de vida para adaptarnos a estos cambios. Estamos teniendo huracanes más fuertes y de rápida intensificación debido a las temperaturas más cálidas de los océanos. También, estamos experimentando periodos secos como el que estamos viviendo actualmente”, dijo.
Igualmente, el meteorólogo sostuvo que uno de los mayores desafíos será reconocer con anticipación la gravedad de estos eventos y tomar decisiones antes de que la escasez de agua se convierta en una crisis.
“El mayor reto sería reconocer, desde temprano, que esto es un problema real para poder modificar nuestras decisiones con tiempo. Y hablo de todos los niveles, desde el individuo hasta el gobierno, sobre cómo adaptarnos a estas necesidades ante la falta de agua. El recurso del agua es limitado, pero hemos vivido toda nuestra vida con la idea de que uno abre el grifo y siempre va a salir agua. Tenemos que entender que, aunque hasta ahora ha sido así, debemos proteger ese recurso”, puntualizó.
¿Qué nos falta?
Hernández Ayala sostuvo que la respuesta a los periodos de sequía no puede depender únicamente de los esfuerzos individuales de los ciudadanos, sino de una transformación estructural del sistema de manejo de agua.
El profesor recalcó que Puerto Rico necesita establecer metas obligatorias, públicas y fiscalizables para reducir las pérdidas físicas de agua, como acelerar el reemplazo de tuberías prioritarias, dividir la red en distritos de medición, instalar sensores de presión y publicar indicadores periódicos de desempeño.
“El ahorro individual es importante, pero no puede sustituir la responsabilidad gubernamental. No es razonable concentrar el mensaje exclusivamente en cerrar la llave mientras grandes volúmenes de agua tratada se pierden en la red de la AAA [...] El gobierno tiene en sus manos el Plan de Mitigación, Adaptación y Resiliencia al Cambio Climático en Puerto Rico, en donde este servidor, junto a otros expertos en cambio climático, trabajamos en varios cursos de acción que nos ayudarían a establecer un mejor manejo del recurso del agua durante estos episodios de sequía. Está en las manos de la gobernadora, la Cámara de Representantes y el Senado el hacer que se cumplan todos esos cursos de acción elaborados en el plan”, enfatizó.
En esa misma línea, Soderberg señaló que una alternativa accesible para aumentar la resiliencia hídrica es recuperar lacaptación de agua de lluvia, una práctica que, a su juicio, ha sido subestimada pese a que continúa utilizándose en otros países.
“Muchos países, algunos bien cerca de Puerto Rico, están aprovechando el agua de lluvia, como hacían nuestros abuelos y bisabuelos con aljibes. El aljibe es atrapar el agua de lluvia, y entonces tú lo puedes usar para mapear, para un montón de cosas. Y, en el caso extremo, la hierves por tres minutos y te la puedes tomar también”, concluyó.
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