El nuevo primer ministro asumió el poder pocos minutos después de que Keir Starmer presentase formalmente su dimisión como jefe del Gobierno en una audiencia privada con el rey Carlos III.
Rodeado por los ministros de su Gobierno y el personal que trabaja en Downing Street, Starmer dijo que fue “el privilegio” de su vida haber servido como primer ministro a lo largo de dos años, al tiempo que resaltó que la economía es más fuerte, los servicios públicos han mejorado, muchos niños han salido de la pobreza, la inmigración está disminuyendo y la reputación internacional del Reino Unido se ha visto “enormemente reforzada”.
Una vez en Downing Street, Burnham empezará a nombrar esta misma tarde a los ministros que formarán su Gobierno. Especialmente relevante será el nombre del encargado o la encargada de la cartera de Economía.

Del Ayuntamiento de Mánchester a Downing Street
El exalcalde de Mánchester, Andy Burnham (56 años), que este lunes asumió como primer ministro británico, puede presumir de gozar de un carisma y una popularidad que ha demostrado con creces en la ciudad norteña que ha gobernado durante nueve años; ya solo por eso, supondrá un soplo de aire fresco frente al tibio Keir Starmer, un hombre incapaz de levantar pasiones.
Pero si hay algo que lo equipara a Starmer es que como él mamó la política desde su adolescencia y fue escalando pacientemente puestos dentro del partido.
Afiliado al laborismo con tan solo 15 años
Nacido en la localidad de Aintree, un suburbio de la ciudad de Liverpool, el 7 de enero de 1970, Burnham nació en el seno de una familia católica de origen obrero. Tras educarse en un colegio católico en Newton-le-Willows, en el noroeste de Inglaterra, estudió Inglés en la Universidad de Cambridge.
Cuando tenía apenas 15 años, decidió unirse al Partido Laborista, reconociendo que las famosas huelgas de los mineros (1984-85), en tiempos de la conservadora Margaret Thatcher, lo habían marcado sobremanera al ser testigo desde corta edad del devastador impacto que el cierre de las minas tenía en la industria del carbón.
El paro se aceleró durante los años de Thatcher hasta alcanzar en 1984 a 3,3 millones de personas, frente a los 1,5 millones en 1979.
A medida que ganaba influencia en el partido, Burnham consiguió ser candidato por la circunscripción inglesa de Leigh y ganar su escaño en 2001, cuando estaba en el poder Tony Blair.
Joven promesa del llamado Nuevo Laborismo apoyado por Blair, tuvo varios cargos. Ocupó la secretaría del Tesoro, fue después ministro de Cultura y Deporte y más tarde de Sanidad.
Tras la derrota del laborismo en las elecciones generales de 2010, Burnham sufrió la amargura de la derrota en dos encarnizadas batallas por el liderazgo de la formación en 2010 y 2015.
Los medios y algunos miembros del partido dieron por muerta la carrera política de Burnham cuando decidió abandonar el mundo de Westminster para centrarse en la política local de Mánchester.
Así, se hizo con la alcaldía de la populosa ciudad del norte inglés el 8 de mayo de 2017, desde donde construyó una reputación de buen gestor y popular entre sus correligionarios.
Desde el mundo de Westminster, el hormiguero de intrigas, pactos verbales y rumores, eran cada vez más los diputados laboristas que clamaban el retorno de Burnham a la primera fila de la política del Reino Unido para salvar al partido, después de la calamitosa derrota sufrida por la formación en los comicios locales ingleses y regionales de Escocia y Gales celebrados el 7 de mayo, en los que avanzó el partido popular de derechas Reform UK.
Sus logros en Mánchester, ¿trasladables a Londres?
Burnham, actualmente el político más popular en las filas laboristas, construyó su autoridad desde la alcaldía de Mánchester (2017-2026), donde aplicó una serie de medidas populares, como la recuperación del control público de los autobuses locales, así como el apoyo a un modelo económico intervencionista donde el sector público lidere la inversión.
Del ala moderada de la izquierda laborista, Burnham se hizo más popular cuando desde la alcaldía desafió abiertamente las restricciones de la pandemia impuestas por el ex primer ministro británico conservador Boris Johnson.
Además, llegó a acusar abiertamente al Gobierno de Londres de tratar al norte de Inglaterra con “desprecio” al dejarles como si fueran “ciudadanos de segunda clase”, por la cancelación, por ejemplo, del tramo norte del tren de alta velocidad HS2.
Mientras el Gobierno laborista caía en las encuestas, Burnham se convertía en el político laborista más popular del Reino Unido, en parte por su buena oratoria y su capacidad para conectar con la gente, pero también por saber ponerse firme ante el histórico resentimiento del norte de Inglaterra hacia el centralismo de Londres.
El salto de Burnham a Londres —en realidad, su retorno— va a suponer un importante ‘reseteo’ como gestor, en un momento en que el Partido Laborista, como gran parte del progresismo europeo, sufre una sangría de votos en favor de fuerzas populistas de izquierda y derecha.
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