Protestas en Cuba se han multiplicado y politizado desde el 11J, afirma socióloga
Esta profesora universitaria e investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en México señala que la “crisis multidimensional”, fruto de “las deficiencias del modelo cubano” y, en los últimos meses, de la presión estadounidense, está teniendo su reflejo en las calles.
“La combinación entre precarización social, erosión de derechos sociales, debilitamiento del consenso y cierre político genera tensiones crecientes de gobernabilidad. Y la protesta aparece entonces como la expresión visible de tensiones más profundas”, argumenta.
Entre todas las acciones que ha registrado en los últimos meses, en su mayoría cacerolazos, quemas de basura y bloqueos de calles, esta investigadora social destaca dos: la movilización universitaria que siguió a la elevada subida de tarifas del monopolio de las telecomunicaciones ETECSA y la violenta protesta que se vivió en Morón este año.
La movilización contra ETECSA, apunta Bobes, constituyó “un acontecimiento muy significativo” porque se produjo dentro de las aulas universitarias y en las estructuras de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), una organización en la órbita oficial, cuando habitualmente estos eventos surgen en la calle, de forma espontánea y carecen de líderes y organización.
Los hechos de Morón, por su parte, fueron “muy llamativos” por ser los más violentos hasta la fecha y porque los vecinos “llevaron su protesta a la sede del partido” -algo que posteriormente se ha replicado en otros lugares- al marchar hasta una sede oficial, saquearla parcialmente y hacer un fuego con su mobiliario.
“La proliferación de fogatas y barricadas cada vez más frecuentes expresan no sólo un aumento de la violencia, sino la desesperación y el hartazgo de las personas”, subraya.
La socióloga, autora de ‘Protestas en Cuba. Más allá del 11 de Julio’, destaca asimismo que las manifestaciones, normalmente quejas por servicios deficientes (electricidad, agua, alimentos...), incorporan “cada vez con mayor frecuencia consignas políticas”, acusaciones directas al Gobierno por la situación del país e insultos a dirigentes.
¿Otro estallido?
Bobes considera que actualmente, aunque “existen poderosos factores movilizadores” que alentarían una protesta, su “dialéctica con los desmovilizadores hace difícil prever otro estallido” social como el del 11J, “lo que no quiere decir que sea imposible o altamente improbable”.
En su opinión, juegan en contra de la erupción de un estallido social elementos como “la represión a priori” que ejercen las autoridades cubanas “ante cualquier convocatoria”, “la criminalización del disenso” y “la ausencia de estructuras de organización en la sociedad civil”.
También está la masiva migración de los últimos años, que ha sido desproporcionadamente joven, y “la precarización en la vida cotidiana, que reduce la capacidad de agencia de los individuos y debilita los vínculos de solidaridad y organización colectiva”.
Todos estos frenos conviven en la actualidad en Cuba con otros factores que movilizan a la protesta, añade Bobes, como “el malestar subjetivo derivado de la precarización”, “la construcción de agravios”, “la desconfianza institucional” y “la existencia de redes informales de sociabilidad y comunicación”.
Asimismo, el acceso a internet -posible a través de teléfonos móviles desde hace menos de siete años- “facilita la circulación de información, la coordinación y la visibilización de las protestas, contribuyendo a reducir los costos de participación”.
Esta socióloga aboga en todo caso por “evitar lecturas que asumen que toda crisis conduce necesariamente a la democratización o al colapso del régimen” porque también puede derivar en “equilibrios inestables en los que coexisten deterioro social, resiliencia cotidiana, control estatal y formas fragmentarias de disenso”.
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