Campamentos de verano: de opción recreativa a gasto casi fijo para ciertas familias
Un análisis comparativo realizado por Metro Puerto Rico de ofertas disponibles para campamentos de verano en la zona metropolitana y otros municipios refleja que el costo promedio ronda los $608 por semanas en horario regular —de 8:00 a.m. a 3:00 p.m.—, con precios que oscilan entre cerca de $95 y más de $1,200, dependiendo del tipo de programa y servicios incluidos. En ofertas especializadas, el costo puede superar los $1,400. A esto se suman cargos adicionales por horario extendido, materiales, uniformes y meriendas.
Más que una decisión discrecional, el gasto responde a una necesidad de cuido.
“Esto es más que una mensualidad de escuela, y no les estás enseñando a sumar y restar. Es complicado porque necesitas transportación, meriendas, uniformes… todo suma. Siento que deberían regular los precios”, expresó Patricia Torres Maldonado, madre de tres menores y residente en Toa Baja.
En su caso, la alternativa gratuita disponible en su municipio cubre solo medio día, lo que la obliga a complementar con otro programa pago para cumplir con su jornada laboral. Para cubrir el verano de sus otros hijos, indicó que pagará alrededor de $500 mensuales por cada uno, entre campamentos y servicios de cuido, a lo que se suman otros gastos educativos.
La dinámica, explicó, se repite entre familias que ya no cuentan con redes de apoyo extendidas.
“Antes, los abuelitos ayudaban, pero ahora muchos siguen trabajando. Ya no existe eso de pasar el verano con un familiar. Hay que pagar cuido o campamento, y es cuesta arriba”, sostuvo.
Aunque los campamentos deben cumplir con requisitos de seguridad, salud y operación, el Estado no interviene en la fijación de precios.
Bajo la Ley 163 de 2016 y su reglamentación, la autoridad principal recae sobre el Departamento de Recreación y Deportes (DRD), que supervisa el licenciamiento y cumplimiento operacional de los campamentos, pero no regula sus costos. Esta estructura no contempla la injerencia de agencias como el Departamento de Asuntos del Consumidor en la fijación o fiscalización de tarifas.
“Queda a discreción del padre si tiene el capital económico para inscribir a su hijo”, indicó José M. Pérez, director ejecutivo de la Comisión de Seguridad en la Recreación y el Deporte, al explicar que se trata de un entorno de libre mercado.
Desde el DRD, por su parte, se enfatiza que el enfoque está en la seguridad de los menores. Entre los requisitos para operar, los campamentos deben contar con protocolos de emergencia, personal certificado en primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar, planes de manejo de exposición al sol y salvavidas en caso de instalaciones acuáticas, entre otros.
Entre el cuido y el costo de vida
El aumento en los precios ocurre en un contexto en el que hay familias que enfrentan presiones por el costo de vida y limitadas opciones de cuido durante el receso escolar.
En hogares con más de un niño, el gasto puede multiplicarse rápidamente. En casos, además de la matrícula del campamento, los padres deben asumir simultáneamente pagos de inscripción escolar, materiales y otros costos educativos de cara al próximo semestre.
A esto se suma que hay alternativas privadas que operan en horarios que no siempre cubren la jornada laboral completa, lo que obliga a contratar servicios adicionales o combinar programas para cubrir el día.
Desde el sector educativo privado, se sostiene que la determinación de precios responde a la autonomía de las instituciones.
“Los campamentos de verano privados, como ocurre con cualquier otro tipo de empresa privada, son los que determinan sus costos y la manera en que se cobran, así como lo que incluye este costo. Es una decisión del padre aceptarlo o no”, expresó la directora ejecutiva de la Asociación Educativa Privada de Puerto Rico, Wanda Ayala de Torres.
“Una vez el padre aceptó y pagó, si decide cancelar, la devolución del dinero —parcial o total— la determina el campamento mediante su reglamento particular”, añadió.
Mientras tanto, para familias, la ecuación es menos flexible: sin alternativas públicas amplias o redes de apoyo, el campamento de verano deja de ser una opción y pasa a ser una pieza clave en la organización del hogar.
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