La transformación fue obra de Mike Marino, uno de los maquilladores de prótesis más destacados del mundo. Cada arruga y detalle fue esculpido a mano tras una conversación entre Marino y Benito sobre cómo el paso del tiempo podría marcar realmente su rostro, cuello y manos.


Benito vistió un traje de esmoquin negro, diseño propio desarrollado en colaboración con Zara.
El look incluye una camisa negra a medida y un lazo escultural de gran formato, guiño directo al icónico vestido “Bustle” de Charles James de 1947, pieza que forma parte de la colección permanente del Costume Institute.
La silueta, atemporal y completamente en negro fue pensada con intención: el traje no envejece, él sí. El look se completó con joyería Cartier incluyendo un reloj de archivo de 1995.
Esta es la apuesta más ambiciosa de Bad Bunny en la Met Gala hasta la fecha.
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