Emocionada, explicó que ha vuelto a acercarse a Dios en la cárcel a pesar de que ha sido “difícil” porque ha sufrido mucho con la muerte de su hijo, porque “no entendía por qué Dios se lo había llevado”.
“He experimentado la muerte de la gente que más quería, y aunque me han transmitido la fe, me he enfrentado con el silencio de Dios. A pesar de tener la mejor familia del mundo, también hoy sé que les he hecho mucho daño”, manifestó esta reclusa, que pidió “perdón a Dios por todo” y agradeció “el don de la fe”.
Por su parte, Josefina explicó que ha visto tambalear su fe en muchas ocasiones, como cuando su hijo sufrió un grave accidente.
Su hijo sobrevivió y eso es “un milagro” que ella atribuye a Dios. “Siempre es Dios. Aquí en prisión no estoy sola, Jesús me da fuerza, me da vida. Lo noto dentro de mí, si no, no sé cómo hubiera aguantado esto”, dijo.
Ante estos testimonios, el pontífice -que abrazó a las dos reclusas cuando terminaron sus intervenciones- destacó que la mirada de Dios “es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho”.
El papa misionero y agustino citó las Confesiones de San Agustín: “Si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”.
A estas personas privadas de su libertad, el papa les señaló a Dios porque “invita continuamente a la esperanza” y muestra “un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar”.
“El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse, sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”, aseveró.
A su llegada a la cárcel, el papa fue recibido por varias autoridades, entre ellas el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa; y el ministro español del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
Ya dentro del centro, los reclusos recibieron al papa cantando ‘Ayúdame a caminar’.
Se trata de la primera visita en la historia de un pontífice a una cárcel de España.
Y es el segundo centro penitenciario que el papa estadounidense visita en su pontificado, después del de Bata en Guinea Ecuatorial en la gira que realizó por el continente africano.
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