Entre los asistentes destacó la presencia del director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, o el de Paramount, David Ellison, así como la del presentador español Pablo Motos, que viajó a Washington para apoyar a Topuria, con quien mantiene una estrecha relación de amistad.
Motos vivió en primera persona el brutal asalto de golpes que recibió el luchador hispano-georgiano, hasta entonces invicto en su carrera, que perdió su cinturón de peso ligero y salió con el rostro completamente desfigurado.
Ante la gravedad de los traumatismos, Topuria fue trasladado directamente desde la Casa Blanca hasta un hospital para ser atendido de urgencia.
Más allá del combate, críticos afirmaron que la velada buscó proyectar la imagen de un mandatario decidido a convertir la política en espectáculo y a reforzar su conexión con una base afín a la épica de la confrontación.
Este clima ya se anticipaba desde el pasado viernes, cuando Topuria empujó a su rival, el estadounidense Justin Gaethje, durante un careo previo al combate.
Trump hizo de su cumpleaños un evento de alto impacto visual y simbólico, que combinó el patriotismo con una estética de agresividad celebrada por parte de su electorado, especialmente entre seguidores jóvenes de la UFC.
El despliegue -desde el gigantesco ring instalado en la Casa Blanca hasta la Fan Zone multitudinaria en las inmediaciones- buscó transmitir una imagen de liderazgo sin complejos en la línea de las decisiones del mandatario.
Para los opositores, sin embargo, el evento reforzó la idea de un jefe de Estado que da prioridad a la grandilocuencia y al culto a su personalidad en escenarios tradicionalmente reservados a actos institucionales.
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