Contaminación del aire, el agua y el suelo serán daños “duraderos” de la guerra en Irán
Redacción Medioambiente, 10 mar (EFE)- Los ataques contra las infraestructuras petroleras iraníes causarán “daños duraderos” en “áreas geográficas extensas” en forma de contaminación del suelo y del agua y de emisiones de gases de efecto invernadero, según un análisis del Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente (CEOBS).
“En el caso específico de las instalaciones de Teherán, es sumamente inusual que tantos sitios sean atacados en una zona tan densamente poblada y geográficamente vulnerable a la mala calidad del aire, lo que expone a muchas personas a una peligrosa mezcla de contaminantes”, señala el informe, titulado ‘Lluvia negra’.
Su publicación sigue a la advertencia lanzada este lunes por la Organización Mundial de la Salud (OMS), después de que el domingo la capital iraní amaneciera envuelta en una nube tóxica, mezcla de lluvia y humo.
“Esto supone un grave peligro para la salud, especialmente para los niños, las personas mayores y las personas con enfermedades previas”, señaló el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en la red X.
Los incendios en las instalaciones petroleras han creado una mezcla tóxica de contaminantes que se ha extendido sobre Teherán y ha entrado en los sistemas de drenaje, con una posible contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, señala CEOBS, organización británica sin ánimo de lucro miembro de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
“Debido a la guerra, es poco probable que los incendios se extingan rápidamente”, añade.
El informe recuerda que el humo de los incendios de petróleo contiene contaminantes como monóxido de carbono, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles, junto con partículas compuestas de hollín, material orgánico y metales traza.
La geografía de Teherán agrava el problema, al situarse la ciudad en una cuenca semicerrada, al pie del macizo del Elburz y entre picos de 2.000-4.000 metros. Esto “restringe considerablemente la circulación del aire en la ciudad”.
En esta época del año, la capa límite atmosférica (en contacto con la superficie terrestre) suele alcanzar durante el día solo 1-1,5 km, por debajo de las cumbre montañosas, “lo que forma una inversión térmica que actúa como una capa que atrapa los contaminantes”. Tras la puesta de sol, esa capa cae de forma acusada, “lo que concentra los contaminantes cerca del suelo”.
Además, “el denso tejido urbano de Teherán crea numerosos ‘pasillos urbanos’”, con un flujo restringido del aire entre los edificios.
El Observatorio indica que quedarse en casa no es una solución, porque las partículas se filtran en los edificios y se posan sobre los muebles. La concentración no es muy distinta en interiores y exteriores.
Los contaminantes de los incendios se acumularán asimismo en carreteras, tejados, suelos y cultivos, que serán una fuente de exposición secundaria cuando el viento origine tormentas de polvo.
El análisis subraya que Teherán sufre ya una alta contaminación de base, con niveles de partículas finas en suspensión (PM2,5) que superan hasta 4,5 veces los umbrales de la OMS.
En cuanto al agua, “hay informes de derrames de los depósitos petroleros de Shahran que llegaron a los desagües pluviales de Teherán y causaron una explosión”.
“Es difícil pronosticar con exactitud dónde podrían llegar los productos petrolíferos derramados o los contaminantes arrastrados a los desagües. Se espera que sigan la pendiente norte-sur de Teherán y que entren en masas de agua naturales o suelos agrícolas, donde a su vez podrían contaminar las aguas subterráneas poco profundas”, pronostica el informe.
Pero el problema no es solo de Teherán: el humo puede afectar a localidades, cultivos y ecosistemas muy alejados, tanto como Siberia.
Las partículas procedentes del petróleo quemado en los ataques pueden llegar a los glaciares, “donde el carbono negro puede acelerar el calentamiento, como sucedió con los incendios de petróleo de Kuwait de 1991”.
Igualmente, esas partículas “pueden interactuar con las nubes, cambiando su vida útil y estructura”, y alterar el sistema climático.
“Si el número de incendios de petróleo en la región aumenta, acumulativamente estos efectos pueden tener un efecto apreciable en el clima, lo que significa que la observación y el seguimiento son importantes”, resume el informe de CEOBS.
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