‘Ayuda, SOS’, el mensaje de campesinos colombianos damnificados por el terremoto
“La casa quedó prácticamente destruida, al 100 %”, dice a EFE Puentes, quien añade que sintieron muy fuerte el terremoto: “Fue una cosa aterradora”.
Su casa, además de ser su vivienda, es su sustento económico porque allí tienen un lugar para la pesca deportiva y hospedaje para los viajeros que van desde Ansermanuevo hasta Argelia o El Cairo, los municipios más cercanos a este lugar.
“Pasan carros y nos dan una libra de arroz, es lo único que por ahí hemos recibido (...) Pero necesitamos hojas de zinc (láminas metálicas para techos), material para volver a hacer un techo de nuevo”, añade el hombre.
Su hijo Óscar, sin embargo, es consciente de que el concepto de un ingeniero es clave para saber si se pueden quedar allí o no.
“Peligro” y “Precaución”
En el Parador La Ribera, ubicado también en una zona rural de Ansermanuevo, las palabras “Peligro” y “Precaución” están escritas en color rojo en cada una de las paredes exteriores.
El edificio está a punto de caerse porque según su propietaria, Johanna Castañeda, la tierra los sacudió a ella y otros cinco familiares que estaban en la casa. Tuvieron que salir corriendo en el momento del terremoto hasta llegar a una imagen de la Virgen María que tienen a unos metros de la casa, donde vieron su mundo caer.
“Ahí todos nos abrazamos esperando que pasara este susto (...) Gracias a Dios, que nos dio otra segunda oportunidad de vida”, cuenta Castañeda a EFE.
La mujer, que no puede ocultar la tristeza que supone haberlo perdido casi todo durante el sismo, relata que esos letreros de “Peligro” los pusieron ellos porque, hasta el momento, no ha ido ninguna autoridad a revisar si la casa debe ser demolida o no.
“A las autoridades les pedimos que vengan y nos hagan el favor y miren el terreno, que vengan a la zona rural porque la verdad por acá no se ha manifestado nadie”, explica.
Quienes vivían en el Parador La Ribera se están quedando en la casa de unos familiares en el municipio de Cartago, ubicado a poco más de una hora de lo que era su hogar, pero todos los días deben subir hasta el parador para que no les roben lo poco que les quedó.
Autoridades desbordadas
En la otra cara de la moneda están las autoridades que, como revela a EFE el alcalde encargado del vecino municipio de El Cairo, Carlos Alberto Correa, están desbordadas por la atención que deben dar a los habitantes de las zonas urbanas, que quedaron bastante afectadas por el sismo.
“En la zona rural no hemos hecho el censo, solamente en este momento hacemos censo en la zona urbana”, expresa Correa.
Sin embargo, el alcalde explica que por el momento están enviando ayudas humanitarias para los campesinos de su municipio y confía que, más temprano que tarde, puedan ir a evaluar la situación de las casas rurales.
Mientras tanto, los campesinos siguen pidiendo ayuda y se mantienen en la incertidumbre sobre lo que pueda pasar con sus negocios, que como sus vidas quedaron paralizados por tiempo indefinido.
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