Lo que dice la historia
El partido del presidente casi siempre pierde escaños en las elecciones de medio mandato, un desgaste que puede costarle el control del hemiciclo, como ya le ocurrió al propio Trump durante su primer mandato (2017-2021), y que puede dificultarle los últimos dos años de su presidencia.
La Cámara de Representantes renueva en estos comicios la totalidad de sus 435 escaños, lo que permite medir con mayor claridad el alcance de esos reveses, mientras que el Senado renueva solo un tercio de sus puestos y los resultados varían según los estados en juego.
En 2022, bajo el mandato de Joe Biden, la oposición republicana logró una ganancia neta de nueve escaños en la Cámara de Representantes y recuperó la mayoría. Los demócratas, sin embargo, salvaron los muebles: evitaron la “gran ola roja” que pronosticaban las encuestas y conservaron el control del Senado.
El revés fue mucho mayor para los republicanos en 2018, durante el primer mandato de Trump, cuando perdieron 41 escaños y los demócratas recuperaron una mayoría que después utilizaron para impulsar dos juicios políticos contra el presidente. En el Senado, en cambio, los republicanos ganaron dos escaños.
Barack Obama también sufrió severas derrotas en las legislativas de medio mandato: los republicanos lograron una ganancia neta de 63 escaños en la Cámara de Representantes en 2010 y de otros 13 en 2014.
Las excepciones son escasas
De hecho, en el último siglo, solo en tres elecciones de medio mandato el partido del presidente ha logrado mejorar sus resultados en la Cámara Baja: con el demócrata Franklin D. Roosevelt en 1934, con Bill Clinton en 1998 y con el republicano George W. Bush en 2002.
Durante el primer mandato de Bush, los republicanos ganaron ocho escaños, favorecidos por la elevada popularidad del presidente y el clima de unidad nacional posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Cuatro años después, sin embargo, perdieron 30 escaños y el control de la Cámara Baja.
Clinton también mejoró los resultados de su partido en las elecciones intermedias de su segundo mandato, en 1998, cuando los demócratas ganaron cuatro escaños gracias a la buena marcha de la economía y al rechazo a la ofensiva republicana para destituirlo por el caso Lewinsky.
El resultado contrastó con el de 1994, durante su primer mandato, cuando los demócratas perdieron 54 escaños y cedieron el control de la Cámara de Representantes a los republicanos, poniendo fin a cuatro décadas de hegemonía demócrata en ese hemiciclo.
Para encontrar otra excepción hay que remontarse a 1934, cuando los demócratas ganaron nueve escaños en la Cámara de Representantes, en un respaldo al programa ‘New Deal’ impulsado por Roosevelt para combatir la Gran Depresión.
Estos antecedentes dibujan una tarea titánica para los republicanos, que deben defender su ya de por sí exigua mayoría en la Cámara Baja, donde cuentan con 219 escaños frente a los 214 de los demócratas.
La cuestión es si Trump, cuya popularidad se encuentra en mínimos, con cerca de un 38 % de apoyo, logrará desafiar a la historia.
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