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Primer aniversario del robo del Louvre: grave crisis de imagen y las joyas sin aparecer 

17 October 2026
This content originally appeared on Metro Puerto Rico.

 

El robo fue una tragedia no solo por el valor de la pérdida de las joyas -tasadas en 88 millones de euros, pero de un valor patrimonial inestimable-, sino porque dejó públicamente a la vista las graves deficiencias de uno de los grandes orgullos de París y Francia.

El hurto ocurrió un domingo sobre las 9.30 horas, poco después de la apertura al público, y fue perpetrado por un comando de cuatro hombres que se aproximaron por el flanco sur del Palacio, junto al Sena, con motos y una plataforma montacargas.

Con ese aparato y equipados con cortadoras de disco que usaron para reventar las vitrinas de las joyas, ascendieron hasta la ventana de la Galería de Apolo, que entonces no contaba con rejas.

El personal, siguiendo el protocolo, se centró en la seguridad de los visitantes y los ladrones pudieron huir a toda prisa, aunque sin cumplir enteramente su plan: dejaron caer la corona de la emperatriz Eugenia de Montijo y no lograron quemar el montacargas que habían usado.

El ADN y las huellas fueron claves para averiguar sus identidades y los cuatro presuntos autores materiales fueron arrestados en las semanas siguientes, pero las joyas -que los expertos en patrimonio advirtieron que serían fáciles de desensamblar para venderlas- nunca fueron recuperadas.

El actual presidente del Louvre, Christophe Leribault, quien asumió en febrero después de que Laurent des Cars -la máxima responsable cuando ocurrió el robo- presentara su dimisión, se mantiene pese a todo optimista respecto a la posibilidad de hallarlas.

“Lo espero”, manifestó en una entrevista en la cadena Franceinter este viernes.

Una crisis más allá del robo

Al hurto le siguieron una serie de eventos desastrosos, como el cierre de una galería por la fragilidad de las vigas del edificio, una huelga, inundaciones que afectaron a la biblioteca de antigüedades egipcias y a los espacios de Arte del Islam y del Mediterráneo Oriental y hasta el descubrimiento fraudes masivos con la venta de entradas y visitas guiadas.

Pero, sobre todo, el asalto había evidenciado una “subestimación crónica” del riesgo de intrusión, fallos de coordinación y carencias críticas en los sistemas de seguridad, como la imposibilidad de observar todos los espacios videovigilados por falta de pantallas.

Una alerta ligeramente más temprana podría haber marcado la diferencia para que la policía llegara a tiempo a interceptar a los ladrones en la calle.

“Por cerca de 30 segundos, los agentes […] podrían haber impedido la huida”, admitió en diciembre Noël Corbin, jefe de la Inspección General de Asuntos Culturales, ante la comisión de Cultura del Senado francés, que investigó las circunstancias de la institución y las responsabilidades del robo.

El debate se vio alimentado por la lentitud con la que el museo, consciente desde hacía años de sus debilidades, había estado implementando un nuevo plan de seguridad general.

Desde entonces el Louvre, visitado cada año por unos 9 millones de visitantes, aceleró esas reformas -el valor estimado de la inversión total es de 86 millones de euros, de los que se han ejecutado 6- y realizó mejoras como la instalación de un puesto móvil de policía, cámaras suplementarias, enrejados y dispositivos contra embestidas.

No son las únicas mejoras estructurales que afronta el enorme complejo de este antiguo Palacio Real, cuyos dominios -que incluyen los Jardines de las Tullerías- se expanden 40 hectáreas.

Las instalaciones, en general, están obsoletas por el paso del tiempo, el cambio climático y la afluencia masiva de turistas, ya que los accesos actuales se planearon para la mitad de visitantes.

Por eso, ya antes del robo, se había lanzado un megaplan de renovación, llamado Louvre-Nuevo Renacimiento, valorado en más de mil millones de euros hasta por lo menos 2031 y que prevé, entre otras mejoras, una nueva entrada por el oeste y una sala independiente para ‘La Gioconda’.