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El papa pide honrar la dignidad de cada hermano al visitar centro para migrantes en París 

26 September 2026
This content originally appeared on Metro Puerto Rico.

 

Ante algunos de los asistidos y voluntarios de asociaciones, el papa dijo: “La historia de la Iglesia y de la humanidad, si la observamos más de cerca, no la escriben quienes dan la impresión de vencer al imponerse y ocupar el espacio, sino quienes hacen espacio, establecen procesos de paz, generan confianza y fomentan la vida”.

Escuchó a Meysam, de 35 años, que llegó a Francia desde Afganistán en 2015. En su país trabajaba como sastre y conoció la Maison Bakhita gracias a otro ciudadano afgano que le habló de los cursos de francés.

“Lo que quiero dejar claro es que, en la vida, nunca hay que rendirse. Cada vez que he estado a punto de tirar la toalla, siempre he encontrado a alguien que me ha tendido la mano y me ha permitido seguir adelante a pesar de todo. En farsi hay una expresión que dice: ‘Todo pasa’ (...). Hace unos meses me concedieron el estatuto de refugiado. He encontrado un trabajo. Ahora tengo confianza en la vida y en mi futuro”, dijo el refugiado afgano.

Entre los testimonios también estuvo el de Blessing, de 31 años, cuya imagen no mostró la televisión y que relató que conoció la asociación en 2018, cuando atravesaba una situación muy complicada y se vio obligada “a hacer cosas que no quería hacer”, y que recordarlo aún le cuesta mucho. El encuentro con una asociación le permitió descubrir que su vida podía ser diferente.

Con el acompañamiento de la asociación, afirmó, logró salir de aquella situación. Actualmente habla francés, tiene documentación y trabaja en un restaurante, donde se ocupa del servicio y de la caja, explicó al papa.

“Santa Bakhita nos invita a ver a quienes son invisibilizados, a liberar a quienes la economía y la cultura reducen hoy a la esclavitud, a honrar la dignidad infinita de cada hermano y hermana, en quienes el mismo Jesús viene a llamar a nuestra puerta”, dijo el pontífice tras escuchar estos testimonios.

Agradeció la labor de este centro y de instituciones similares, y los animó “a seguir dando testimonio de esta atención mutua que, a través de la acogida fraterna, los procesos de formación y el diálogo con la ciudad, eleva el espíritu y humaniza el mundo”.

La sede de la Casa Bakhita, de 1.600 metros cuadrados, presta servicio a unos 150 migrantes al día, gran parte de ellos procedentes del África subsahariana y buena parte de ellos de religión musulmana.

Su misión principal es brindar formación en lengua francesa y en oficios como patronaje o ebanistería, pero también es un santuario para las personas que necesitan ser escuchadas.