Madres jóvenes, vivienda pública y movilidad: historias que rompen el estigma
Convertirse en madre a temprana edad implicó una ruptura con sus planes iniciales, pero no un abandono de sus aspiraciones. “Dejar la continuidad de lo que es el estudio, de lo que yo quería, fue bien difícil porque ahí tuve que, obligatoriamente, convertirme en una adulta como tal y decidir hacerme cargo de todas mis cosas. Yo me montaba en una guagua pública sin decirle a nadie en mi embarazo y yo me iba a hacer mis cosas solita”, explicó.
En ese proceso, su paso por vivienda pública coincidió con una etapa de formación diversa y constante. Se certificó como terapeuta de masaje y entrenadora personal, tomó cursos en salud mental, adquirió destrezas en carpintería y se destacó en el voleibol profesional con las Cocoteras de Loíza y el equipo Bloodline de Cataño.
“Uno cuando se sienta y piensa en todo lo que he logrado dice ‘wow’, de verdad que ha sido un arduo trabajo, pero, si, lo he logrado, y cuando me pongo a visualizar y pensar en todo el proceso que he pasado, puedo decir que ha sido bien gratificante y bonito”, expresó Delgado Tapia.
Hoy se desempeña como técnica de programas en su comunidad, donde orienta a otros residentes —particularmente a jefas de familia— sobre autosuficiencia económica y desarrollo independiente. Desde ese rol, su historia adquiere una dimensión colectiva.
“Y a estas personas que piensan que las cosas no son posibles: todo es posible, uno puede lograr más allá siempre agarrados de la mano de Dios, logrando todo lo que nos proponemos”, añadió.
Al evaluar su trayectoria, también reconoce las dificultades y momentos de duda. “ha sido bien gratificante, el verme de lo que tengo hoy a 15 años atrás, yo sentía que la cosa era un poco más difícil, y ha sido un proceso motivador poder yo aconsejar a otras personas, obvio en altas y bajas porque no puedo decir que todo me salía, y pensaba en enganchar los guantes, pero cuando me pongo a visualizar pues sí, ha sido gratificante y bien bonito”.
La experiencia de Delgado Tapia no es aislada. En distintos residenciales públicos, otras mujeres han sostenido procesos similares, combinando crianza, trabajo y liderazgo comunitario como parte de una misma trayectoria.
Ese es el caso de Carmen “Laly” Berríos Osorio, residente del residencial El Prado en Río Piedras, quien crió a seis hijos —hoy profesionales— mientras trabajaba durante 30 años como maestra del programa Head Start.

“Yo trabajé por 30 años como maestra del programa Head Start, y (hoy) puedo decir que todos mis hijos son profesionales, gracias a Dios, y no fue fácil pero tampoco tan difícil que no pudiese lograrlo. A veces tienes que tener la estructura y la disciplina para poder seguir”, expresó Berrios Osorio.
Para ella, la organización en el hogar fue determinante. Desde edades tempranas, sus hijos asumieron responsabilidades domésticas como parte de su formación. “Ellos botaban basura, hacían mandados, limpiaban, y a la que cumplieron 12 años cada cual limpiaba su propia ropa y la doblaban y la limpiaban”, explicó.
Su rol también trascendió el ámbito familiar. Con más de cinco décadas en su comunidad, ha sido figura clave en iniciativas comunitarias y procesos de gestión colectiva. Ese liderazgo, asegura, tiene raíces familiares.
“Aquí (en el residencial) vivía mi mamá, quien fue presidenta del Consejo de Residentes del residencial por muchos años y cuando mi mamá dejó el legado, después lo cogió mi hermano Luis, y Luis estuvo 10 años y después me tocó a mí”, expresó “Laly” entre risas.
Entre sus gestiones más significativas figura la lucha por la construcción de un puente peatonal, inaugurado en 2023 tras una década de reclamos, luego de un accidente fatal que impactó a residentes de la comunidad.
“Yo hice que lo construyeran (el puente), peleando con Carreteras, con Alejandro García Padilla y con todo el que tuviese que ver con la construcción del puente, hasta que lo logré. Siete años, pero lo logré”, exclamó.
Al recordar el evento que detonó esa lucha comunitaria, relató: “Sin exagerar, llegaron más de 100 ambulancias, policías de todos lados, y tuvimos que pararnos en el expreso para que los carros no pasaran. Fue una cosa fuerte, fuerte, fuerte. Yo conseguí el entierro y el velatorio de estos seis muertos y la ropa me la donaron”.
En Arecibo, Blanca Sotomayor Ríos ha enfocado su trabajo en la niñez y los adultos mayores desde el residencial Antonio Márquez Arbona, donde además preside el Consejo de Residentes. Su labor ha estado dirigida a organizar actividades educativas y sociales que fortalezcan la cohesión comunitaria y el bienestar colectivo.

En conjunto, estas trayectorias reflejan patrones comunes: maternidad en contextos complejos, acceso a vivienda como base de estabilidad y una progresiva inserción en dinámicas de autosuficiencia y liderazgo.
Ese conjunto de historias fue el que el Departamento de la Vivienda y la Administración de Vivienda Pública destacó durante la actividad “Raíces de Amor”, celebrada en el Centro de Convenciones José Manuel Class en Manatí, donde se reconoció a 17 madres de residenciales públicos por su resiliencia, liderazgo y compromiso comunitario.