Viven en el aeropuerto: la vulnerabilidad de quienes pernoctan en espacios públicos
En el aeropuerto Luis Muñoz Marín no todo el mundo está “de tránsito”. Mientras miles de pasajeros cruzan a diario con boletos y maletas en mano, hay quienes utilizan sus facilidades para resguardarse del calor, cubrir necesidades básicas y, en algunos casos, hasta dormir.
La situación no ocurre únicamente cuando hay inclemencias del tiempo o cancelaciones masivas. El director de operaciones de Aerostar Puerto Rico, Nelman Nevárez, confirmó a Metro Puerto Rico que se trata de un escenario recurrente. “Entre cinco y seis que son de los que pernoctan, de los fijos. Pero ese número varía por temporadas”, destacó. En otras palabras, hay personas que pasan un tiempo fuera y luego regresan al aeropuerto, donde vuelven a establecerse.
No es necesariamente un grupo grande, pero sí persistente. Nevárez explicó que algunos “vienen y se van”, pasan el día, se retiran y regresan más tarde; y otros son los que, consistentemente, se han visto pernoctar. “Hay muchos de ellos que vienen aquí a entretenerse, simplemente a mirar”, dijo, al describir la convivencia diaria dentro de un espacio diseñado para el movimiento, no para la permanencia.
La escena refleja una realidad social compleja de personas sin hogar o en condiciones de vulnerabilidad que encuentran, en el aeropuerto, un refugio. “Utilizan las facilidades, el aire acondicionado, y algunos, inclusive los pasajeros les dan de comer”, relató Nevárez. También señaló que no todos atraviesan la misma situación económica. “Hay algunos que tienen su dinero y se compran comida”, dijo, aunque aun así optan por permanecer allí.
La respuesta institucional, según Aerostar, se apoya en una combinación de orientación, registro y coordinación con agencias. Nevárez indicó que mantienen colaboración con el Municipio de Carolina y con programas como el Proyecto Llave, además de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), para ofrecer alternativas de ayuda de forma regular. “Es parte de nuestro protocolo diario, prácticamente”, afirmó, al explicar que personal de distintas entidades acude para hablar con estas personas y presentar opciones.
Sin embargo, el punto que se repite es que la ayuda no se puede imponer. “Esto es completamente voluntario, no es obligatorio, no los puedo forzar a hacer nada”, expresó. En casos, aun cuando se gestionan alternativas, la persona se retira por un tiempo y luego vuelve. “Hay veces que se van y regresan”, dijo, al describir una dinámica que dificulta una solución permanente.
También existen límites legales y operacionales dentro del terminal. Aerostar, como operador, no tiene autoridad para “expulsar” a alguien por el simple hecho de permanecer en el lugar si no está cometiendo una falta. “Bajo lo que es el aeropuerto no tengo la autoridad en ley para poder hacer ningún movimiento de ellos”, señaló. Añadió que la colaboración más directa ha sido con el Municipio de Carolina, que cuenta con una ordenanza relacionada con pernoctar en edificios públicos, aunque, nuevamente, el proceso depende de la intervención municipal y de la voluntad de la persona.
Incluso con ese panorama, Nevárez aseguró que no se han registrado incidentes de seguridad asociados a este grupo. “No hemos tenido ningún incidente de robo ni nada por el estilo”, aseguró. Sin embargo, reconoció que por el volumen de pasajeros y el nivel de seguridad que exige una infraestructura como esta, el tema siempre requiere vigilancia y provoca dudas. “Sí, nos crea, a veces, tener un grado de suspicacia, pues tenemos que indagar para saber que no va a hacer daño a la operación”, informó.
Por su parte, Belinda Hill, directora ejecutiva de la organización Solo Por Hoy, que ofrece servicios a personas que pernoctan en espacios públicos, reveló a Metro que “de cada diez llamadas que recibimos, una es de alguna persona que acaba de llegar de Estados Unidos. Eso no era así hace unos años”.
“En el año, atendemos más de 4,000 solicitudes de servicios para nuestros programas de vivienda, así que estamos hablando de unas 400 personas que llegan al aeropuerto al año y llaman para ver dónde pasar esa noche. Muchos de ellos son mochileros que usan el aeropuerto como lugar seguro para pernoctar y el resto del grupo tiene la salud mental comprometida. Quienes pueden trabajar con ellos son ASSMCA, si necesita servicios de salud mental o de rehabilitación por uso de sustancias o, en el caso de que se tornen violentos, la Policía. Atendemos llevarles artículos de higiene, pero nuestros servicios son voluntarios y la mayoría los rechaza. A una pareja le dimos un apartamento y no fueron. La realidad es que muchos necesitan tratamiento de 30 a 90 días para tratamiento de abuso de sustancias para poder superarlo”, describió Hill.
El Conteo de Personas Sin Hogar (CoC PR-502) del 2025 identificó 1,031 personas sin hogar en el norte de Puerto Rico; 40.7 % enfrentaba sinhogarismo crónico, 75.9 % reportó alguna vulnerabilidad, y 59.2 % indicó que esas condiciones dificultan sostener empleo o vivienda estable. Precisamente durante estos días se desarrolla un nuevo conteo de personas sin hogar.
De acuerdo con la directora de Servicios al Ciudadano y Centros de Servicios Municipales del Municipio de Carolina, Marisol Correa Villegas, en promedio anual, el Proyecto Llave impacta aproximadamente 84 personas sin hogar en el contexto de sus intervenciones relacionadas al área del aeropuerto. De estas, alrededor de 12 personas logran enlazarse efectivamente a servicios formales.
Dicho programa cuenta con redes de apoyo interagenciales y pareo de fondos federales. Su misión principal es localizar, identificar y establecer relaciones de confianza con personas sin hogar, involucrándose voluntariamente en su proceso de rehabilitación, con el propósito de proveer servicios de apoyo inmediato, intervención y la creación de alianzas con programas asistenciales, servicios sociales y opciones de vivienda. Todos los servicios se ofrecen de manera voluntaria, siempre y cuando la persona cumpla con la definición de Persona sin Hogar según las Categorías 1, 2 y 4 establecidas por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano federal.
“Se realizan aproximadamente 150 intervenciones al año. Los referidos suelen recibirse de manera grupal, incluyendo a las personas sin hogar identificadas por el personal de seguridad de Aerostar. Asimismo, se envían alrededor de 46 referidos anuales a otras agencias colaboradoras, según la necesidad del caso. Cabe destacar que la mayoría de las personas sin hogar identificadas e impactadas en el aeropuerto cuentan con indicadores de situaciones de salud mental crónicos sin adherencia a tratamiento”, reveló Correa Villegas.
En un país donde la crisis de vivienda, la salud mental y el acceso a servicios siguen tocando múltiples espacios públicos, el aeropuerto —con aire acondicionado, baños, iluminación y movimiento constante— se convierte, para algunos, en una alternativa inmediata, aunque no sea la ideal. “Me gustaría que ellos tuvieran su centro donde pudieran ir y no tengan que pernoctar aquí”, puntualizó Nevárez.
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